El remedio rítmico para los desafíos neurológicos
Buenos Aires, Argentina – En una ciudad sinónimo de pasión, ritmo y juego de pies intrincado, la danza icónica del tango está encontrando un nuevo propósito mucho más allá de la pista de baile. En el Hospital Universitario San Martín, ubicado en el vibrante distrito de Palermo, un programa innovador está aprovechando los movimientos únicos del tango para ofrecer un alivio tangible y una mejor calidad de vida a los pacientes que luchan contra la enfermedad de Parkinson. Una vez a la semana, un grupo dedicado se reúne, no para una milonga social, sino para una sesión terapéutica donde cada paso es un paso deliberado hacia un mejor equilibrio, una reducción de la rigidez y una mejor coordinación.
La enfermedad de Parkinson, un trastorno neurológico progresivo que afecta a casi 10 millones de personas en todo el mundo, se manifiesta principalmente a través de síntomas motores como temblores, bradicinesia (lentitud de movimiento), rigidez e inestabilidad postural. Estos síntomas pueden afectar gravemente las actividades diarias y provocar caídas, aislamiento social y una disminución significativa de la independencia. Las terapias tradicionales a menudo se centran en la medicación y la rehabilitación física, pero el programa San Martín, lanzado a principios de 2022, ofrece un enfoque complementario que aprovecha los beneficios inherentes del movimiento estructurado y la interacción social.
Dr. Elena Vargas, neuróloga principal y jefa de la Unidad de Trastornos del Movimiento del hospital, explica el motivo. "El tango, en esencia, exige un control preciso sobre el equilibrio, la capacidad de iniciar y detener movimientos y una conciencia espacial compleja. Estas son precisamente las áreas donde los pacientes de Parkinson tienen más dificultades. La naturaleza estructurada de la danza, combinada con su musicalidad inherente, proporciona un poderoso estímulo para que el cerebro vuelva a activar y fortalecer las vías neuronales".
Pasos hacia la estabilidad: dentro del programa de terapia
Todos los martes por la tarde, la sala de rehabilitación brillantemente iluminada del hospital se transforma en un estudio improvisado. Un grupo de 18 a 22 pacientes, con edades comprendidas entre 58 y 82 años, llega con diversos grados de problemas de movilidad. Al frente de las sesiones de 90 minutos está Ricardo Morales, instructor de tango profesional con formación especializada en danza terapéutica. Morales, conocido por su comportamiento paciente y su profundo conocimiento de la biomecánica, guía a los participantes a través de pasos fundamentales del tango como la 'caminata' (caminata), los 'ochos' (figuras de ocho) y los 'giros' (giros).
“No se trata solo de aprender los pasos; se trata de recuperar la confianza en el movimiento”, enfatiza Morales. "Nos centramos en el abrazo, que proporciona apoyo y fomenta la postura erguida. Trabajamos en cambiar el peso, iniciar pasos suavemente y mantener el ritmo. Todas estas son microhabilidades que se traducen directamente en la caminata y el equilibrio cotidianos".
Para Juan Pérez, de 72 años, a quien le diagnosticaron Parkinson hace cinco años, el programa ha sido transformador. "Antes, caminar era como navegar por un campo minado. Mis pies se arrastraban y estaba constantemente preocupado por caerme", cuenta Juan, su voz cobrando fuerza. "Ahora, después de solo seis meses de terapia de tango, siento una diferencia notable. Mis pasos son más deliberados y puedo girar sin sentirme completamente fuera de lugar. La música me ayuda a encontrar el ritmo que había perdido".
Más allá de lo físico: beneficios mentales y sociales
Si bien las mejoras físicas son significativas, el programa de terapia de tango extiende su toque curativo mucho más allá de las habilidades motoras. El aspecto social juega un papel crucial a la hora de combatir el aislamiento que suelen vivir los pacientes de Parkinson.
María Rodríguez, participante de 68 años, comparte su experiencia. "El Parkinson puede hacerte sentir muy solo. Te vuelves cohibido por tus temblores y tus movimientos lentos. Pero aquí estamos todos juntos en esto. Nos reímos, nos animamos unos a otros y, durante esos 90 minutos, me olvido de que soy un paciente. Soy un bailarín".
Dr. Vargas destaca el profundo impacto psicológico. "Hemos observado una marcada mejora en el estado de ánimo, una reducción de los síntomas de ansiedad y depresión y un aumento general de la autoestima entre nuestros participantes. Las demandas cognitivas de aprender y recordar secuencias, combinadas con la conexión emocional con la música y la pareja, crean un rico estímulo neurológico que afecta positivamente el bienestar mental". Los datos preliminares del programa San Martín, recopilados durante los últimos dos años, indican una mejora promedio del 25 % en las puntuaciones de equilibrio y una reducción del 15 % en la rigidez percibida entre los participantes, junto con aumentos autoinformados en el compromiso social y la felicidad.
Un modelo para la danza terapéutica global
El éxito del programa de terapia de tango del Hospital Universitario San Martín está atrayendo atención más allá de las fronteras de Argentina. Investigadores de instituciones de Estados Unidos y Europa han expresado interés en replicar la metodología y estudiar sus efectos a largo plazo. El programa es un testimonio del poder de integrar las prácticas culturales con la ciencia médica, ofreciendo un enfoque holístico a las enfermedades crónicas.
Mientras los acordes finales de una pieza de tango clásica se desvanecen, Ricardo Morales hace una reverencia y sus estudiantes aplauden, con los rostros sonrojados por el esfuerzo y una sensación de logro. Para ellos, el tango no es sólo un baile; es un camino para recuperar sus vidas, un paso apasionado y decidido a la vez. Resulta que la danza de la pasión es también una danza de profunda curación.






